
Corría el mes de enero del 2018, habían empezado a emitir un nuevo podcast de fotografía, se llamaba Full Frame. Desde el capítulo 1, creo que no me perdí ninguno, siempre me acompañaba en mis andainas. El programa dirigido por Juan Maria Rodríguez, contaba con algunos colaboradores, y entre ellos estaba Alfredo Oliva. Así me acostumbré a sus analisis de fotos y sus reflexiones sobre fotografía, arte y psicología. Y a partir de esto, empecé a seguir a Alfredo en RRSS. Con el paso del tiempo descubrí que no solo me gustaban sus reflexiones, sino que además era un excelente fotógrafo. Sus fotos poco a poco me fueron conquistando, hasta llegar al momento actual que ya me tiene enganchada: esas series de lugares silenciosos, entre niebla, que me sugieren tantas cosas….Porque las fotos de Alfredo siempre me sugieren, siempre me hacen evadirme de la realidad, volar, imaginar y en definitiva «sentir». Esas «historias de hotel», que con muy pocos elementos me cuentan tantas historias. Esos colores, (el color Alfredo, perfectamente identificable), esas atmósferas, esa sencillez, esa sutileza, esa estética… y asi podría seguir hasta mañana, porque me chifla, pero mejor hablemos con él:
El origen de tu fotografía

Mi primer contacto serio con la fotografía tuvo lugar cuando estaba en mi último año de carrera, a raíz de un taller sobre fotografía analógica al que asistí. Después, monté con unos amigos un laboratorio analógico en el que revelábamos y positivábamos nuestras copias. Antes de eso, y a pesar de que mi padre era muy aficionado a la fotografía, no había mostrado demasiado interés por ella, me gustaba más pintar y dibujar. De hecho, abandoné la carrera de Arquitectura en el primer año para ingresar en Bellas Artes, aunque a última hora opté por estudiar Psicología. Cuando comencé mi carrera como profesor universitario no tuve más remedio que dejar de lado la fotografía. Era demasiado engorroso montar y mantener un laboratorio a la vez que atendía a mis tareas académicas. Hasta que con la aparición de la fotografía digital recuperé su práctica. Y desde entonces mi dedicación ha sido intensa. En cierta forma ha sido como cerrar un círculo, y volver en mi madurez tardía a recuperar el interés que tuve en la infancia y adolescencia por las actividades artísticas, aunque cambiando la pintura por la fotografía.
¿ Qué significa para tí la fotografía?

Durante muchos años fue principalmente una afición que me acompañó en mis viajes y que supuso un aliciente más para viajar. Creo que fue en esa época cuando más he disfrutado de tomar fotos por el simple placer de la experiencia visual. Cuando fui profundizando en su práctica y me decidí a impartir un seminario en mi universidad sobre la relación entre fotografía y psicología, mi afición tomó otro cariz y, al menos en lo referente a la docencia, me fui semi-profesionalizando. Desde entonces mi interés por los aspectos teóricos no ha parado de crecer y ahora creo que dedico más tiempo a leer y escribir sobre fotografía que a tomar fotos. Me interesa mucho la divulgación de aspectos teóricos relacionados con la fotografía, la estética y la creatividad.
Por otra parte, es una actividad creativa que me permite dar salida a una necesidad expresiva que he tenido desde mi adolescencia y que tenía dificultades para canalizar en mi actividad profesional. Creo que me ha permitido desarrollar un acercamiento a la realidad de carácter estético/poético muy diferente al que iba asociado a mi rol de investigador universitario, mucho más cercano al pensamiento racional. La tensión ente lo racional y lo intuitivo está en la base de mi actividad fotográfica.
¿Qué tipo de fotografías haces?

No me gusta encasillarme en un solo tipo de fotografía, pues creo que eso limita mucho nuestra creatividad y nuestras posibilidades expresivas. La creatividad vive de la combinación de contenidos y enfoques diversos, y florece cuando se le permite volar libremente de un campo a otro. Sin embargo, durante muchos años tomé la mayor parte de mis fotografías en mi tiempo libre, que solía coincidir con mis viajes. También en mis viajes por motivos profesionales me solía acompañarme la cámara. Por ello, una parte importante de mis fotos está relacionada con la fotografía de viajes y/o de calle, así como de paisajes, tanto naturales como urbanos.
Últimamente también me está interesando una fotografía de carácter más íntimo o contemplativo: detalles de objetos o interiores que tengan la capacidad de generar cierta resonancia emotiva en el espectador. El retrato posado nunca me ha atraído demasiado. No me siento cómodo interactuando con modelos, algo que puede resultar paradójico siendo psicólogo.
En cualquier caso, y con independencia de la temática, intento que mis fotografías tengan una estética cuidada y la potencialidad de provocar historias en la imaginación del espectador, aunque no siempre lo consiga. Además, cada vez me interesa más la edición de series fotográficas como parte del proceso creativo, ya que es más fácil conseguir fluidez narrativa con grupos de imágenes que con fotos aisladas. Es un proceso muy exigente, por la complejidad que supone elegir entre las múltiples alternativas que conlleva la edición de una serie o proyecto, pero disfruto mucho con esa tarea.
¿Tus referentes?
Si entendemos por referentes todo aquello que influye en nuestra fotografía, el listado sería muy largo, pues debería incluir autores que han escrito sobre fotografía y estética, fotógrafos y fotógrafas, pintores, cineastas, novelistas y poetas. Considero que la fotografía es una actividad creativa que debe ser una expresión de nuestro yo. Por ello, creo que todas las vivencias que hemos experimentado —no solo las visuales—, y que configuran nuestro carácter, contribuyen a que esa expresión sea más rica e interesante. Pero también pienso que las experiencias visuales de la infancia y adolescencia son las más determinantes, debido a que la plasticidad cerebral es mucho mayor durante esos años. Creo que se nota mucho en la mirada cuando una persona ha tenido experiencias visuales tempranas relacionadas con la fotografía o las artes plásticas.

Aunque en muchas ocasiones no sepamos por qué hemos tomado una foto, las razones que guían nuestra mirada hunden sus raíces en nuestro inconsciente, que acumula todas esas vivencias. En realidad, casi nunca hay invención pura: nuestra fotografía es una mezcla de todos los referentes que nos han impresionado. Por eso, es necesario tener muchos, para que en nuestra mirada la imitación, en caso de haberla, sea menos reconocible. Como expresó el escritor Martín Caparrós: “No hay más base que la imitación: alguien imita a uno, a tres, a seis; de la mezcla de lo imitado y los deslices del imitador va surgiendo —o no— algo distinto”.
Pero, por supuesto, hay fotógrafos que me gustan mucho y que, aunque nunca haya sido mi intención imitarlos, supongo que me habrán influido. Por citar solo a tres de los más clásicos haré referencia a Sergio Larrain, Saul Leiter y Harry Gruyaert. Hay que tener en cuenta que mientras más alejados en el tiempo y espacio se encuentren nuestros referentes, menos se reconocerá su influencia.
¿Qué buscas con ella?

Tengo una intención tanto expresiva como comunicativa. No hago fotos sólo para verlas yo; me gusta mostrarlas porque representan mi visión personal de la realidad y facilitan la interacción con otras maneras de ver. Afortunadamente, no necesito ganarme la vida con ella, por lo que me siento muy libre de hacer la fotografía que me apetece. Tampoco tengo la necesidad de autoafirmación o reconocimiento mediante concursos o exposiciones. Me basta con mostrarlas en redes sociales o publicaciones como esta.
Por otra parte, me resulta muy satisfactorio tanto hacerlas como editarlas. Ha habido momentos en los que, mientras tomaba fotos, me he encontrado en un estado cercano al éxtasis. Momentos que el psicólogo Mihály Csíkszentmihályi define como estados de flujo, caracterizados por la pérdida de conciencia de uno mismo, la implicación total en la tarea y una sensación de control sobre ella. Son ocasiones poco frecuentes, pero de una potencia emotiva tremenda. También la edición me proporciona sensaciones parecidas.
Ahora que estoy retirado de la docencia e investigación universitaria, la fotografía ocupa gran parte de mi tiempo y de mis intereses. Representa un claro propósito de vida que influye en mi identidad personal. Aunque la psicología ha sido el componente principal de mi identidad vocacional, cada vez me resulta más difícil definirme únicamente como psicólogo. No puedo obviar mi dedicación y pasión por la fotografía durante los últimos quince años. Además, la fotografía me permite mantener el vínculo con la docencia mediante las clases y talleres que imparto sobre esa relación entre fotografía y psicología que ha estado tan presente en mi vida.
Un día en Shanghái
Un día en Shanghái es un ejemplo de algunas de las series que me gusta editar últimamente, y que están a medio camino entre la imagen aislada y el proyecto fotográfico. Cuando tienes la necesidad de ir más allá de esa foto única, pero tampoco quieres embarcarte en un proyecto de mayor recorrido, construir una secuencia ordenada de fotografías tomadas en un momento y lugar determinados nos permite adentrarnos en el terreno de la edición sin demasiados riesgos. A modo de aprendizaje.
Estas fotografías fueron tomadas en una escala de algo más de 24 horas de un viaje que realicé a la región china de Yunnan en el año 2018. Shanghái es una metrópolis que refleja muy bien el cambio experimentado por China en las últimas décadas. Una urbe en la que conviven los lugares y estilos de vida tradicionales con los distritos más modernos y que reflejan la pujanza de la economía china. Un escenario en el que el fotógrafo o fotógrafa interesado en captar el pulso de la vida urbana se puede sentir a sus anchas, con calles repletas de vida y rincones en los que siempre suceden cosas dignas de ser fotografiadas.
Con esta serie sólo pretendo construir una narrativa sencilla que permita al observador experimentar de forma vicaria las sensaciones que yo viví en mis paseos por Shanghái durante las horas que permanecí en esa bulliciosa ciudad.


















Bío
Nací en Sevilla en 1958 y fue en su universidad donde me formé como psicólogo. Allí también ejercí la docencia hasta 2023. La fotografía llegó a mí por otro camino: no tengo formación académica en ese campo, más allá de algún taller suelto. Aun así, desde siempre he sentido una gran curiosidad por aprender de manera autodidacta, especialmente a través de la lectura. Soy un lector incansable de temas relacionados con el arte, la creatividad, la estética y, por supuesto, la fotografía.
Entre 2013 y 2023 impartí en mi universidad un seminario sobre fotografía y psicología, cuyos contenidos acabaron recogidos en el libro Más allá del encuadre. Psicología del hecho fotográfico, publicado por el Centro Andaluz de la Fotografía. En la actualidad sigo vinculado a la docencia en algunos cursos de mi universidad, además de impartiendo talleres y charlas en encuentros y jornadas fotográficas.
He realizado alguna exposición, pero confieso que me cuesta mostrar mi obra. Me da cierta pereza y, además, siento que las redes sociales son hoy el mejor escaparate para mis fotografías. Tampoco me interesan los concursos, aunque con frecuencia formo parte de jurados.
https://www.instagram.com/alfredooliva/
https://www.facebook.com/alfredo.olivadelgado
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